Lo que Maisie sabía

Lo que Maisie sabía

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Dicho insólito proceder adoptó durante tres días la forma de una negativa por parte de milady a ver a su pequeña hija: tres días en los cuales Sir Claude estuvo realizando raudas incursiones joviales en el cuarto de estudio para suavizar la anómala situación, para decir «Ella terminará aviniéndose, como te puedes imaginar; te aseguro que terminará aviniéndose», e incluso un poco para compensar la afrenta que él había causado que Maisie sufriera. En toda la vida de la niña, comoquiera que se la mirase, nunca se había dado tan deliciosa compensación. Esta se manifestó en el modo en que él reconoció cordialmente que milady no había sido apercibida de la visita hecha por él a la casa de su exmarido ni de que él se había servido de la hija de esta persona como pretexto para entablar amistad con la abominable criatura que allí se había instalado. El cielo era testigo de que milady había deseado volver a albergar a su hija y había realizado por su cuenta todos los trámites pertinentes para acudir a recobrarla; lo que al menos de momento no podía perdonarle a ninguno de los involucrados era una forma tan meticulosamente furtiva de llevar a cabo el traspaso. Maisie soportaba una parte mayor del peso de este resentimiento de lo que supieron justificarle ni aun las inventivas confidencias de la señora Wix, en especial dado que por su lado el propio Sir Claude no se mostró nada inventivo, aunque por otra parte tampoco se mostró nada abatido. Se mostró divertido e inconsecuente y, en ciertos momentos, verdaderamente asombroso: le recalcó a su compañerita, con una franqueza que la turbó mucho más de lo que él pareció advertir, que la seguridad de él dependía de que ella no se dejara sonsacar por su madre, cuando al fin ésta quisiera verla, absolutamente nada de lo que a él le había dicho la señora de Beale. Él entraba y salía; afirmaba, en broma, que tomaba extraordinarias precauciones para poder hacerlo; exhibía una decidida disposición a las chanzas. Hacía gansadas con la señora Wix hasta ponerla colorada de risa, y le reiteraba a Maisie que él esperaba de ella el mismo tenaz mutismo de un piel roja capturado e interrogado. Todas sus lecciones durante estos primeros días y aun durante largo tiempo después parecieron versar sobre Sir Claude, y no obstante ella jamás de los jamases le mencionó a la señora Wix que se sentía dispuesta, a instancias de las estimulantes intimaciones de él, a arrostrar triunfalmente toda clase de torturas. Empero, esta mujer había pintado el estado de la cuestión con una agudeza que demostró cuán poco precisaba ser aleccionada al respecto. Su explicación de todo lo que no presentaba un aspecto enteramente agradable —y aunque su propia opinión podía resultar peligrosa, de todas formas estaba en consonancia con el peligro— era que milady se sentía apasionadamente enamorada de Sir Claude. Maisie aceptó esta explicación con infinita reverencia y le dio muchas vueltas cuando por último fue convocada a acudir en presencia de su madre.


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