Lo que Maisie sabÃa
Lo que Maisie sabÃa —Vaya, yo estaba hablando —dijo Maisie— de una persona venida de Oriente.
—No hay duda de que debe venir de allà —opinó su institutriz—: viene de la City[9]. —Al cabo de unos instantes agregó como si lo supiera todo acerca de él—: Es una de esas tÃpicas personas que han comenzado a sobresalir recientemente. Será inmensamente rico.
—¿A la muerte de su papá? —inquirió muy interesada la niña.
—No, cielos: no se trata de una herencia. A lo que me referÃa es a que ha amasado una fortuna.
—¿Como cuánto de grande? —preguntó Maisie.
La señora Wix reflexionó y le dio una idea aproximada:
—Oh, muchos millones.
—¿Cien?
La señora Wix no se mostró segura de la cifra exacta, pero fueron no obstante los suficientes para parecer amenizar momentáneamente la penuria de aquel cuarto de estudio: para flotar allà en el aire como una reverberación de la cálida y potente luz que perceptiblemente habÃa emanado del señor Perriam. Esto se produjo asimismo, sin duda alguna, por lo que a él respectaba, a consecuencia de aquella apariencia de vida holgada que desde sus primeros años Maisie habÃa percibido a menudo entre los adultos: el signo de un futuro resuelto, la vieja nota familiar de un desbordante jolgorio.