Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —Pues de muchas cosas que me han deleitado, que me han fascinado y que, no obstante, en el fondo, como ahora comprendo con suma extrañeza, me han engañado y compungido. Su belleza más que natural, su bondad absolutamente extraterrena. ¡Es un juego —prosegu×, una táctica y un fraude!
—¿Por parte de los encantadores niños?
—¿Aún siguen siendo encantadores? ¡SÃ, por absurdo que pueda parecer! —El mismo hecho de ponerlo de manifiesto me ayudó a rastrearlo, a retroceder en los recuerdos y a atar los distintos cabos—. No han sido buenos… simplemente estaban ausentes. Ha sido fácil vivir con ellos, sencillamente debido a que los dos llevan su propia vida aparte. No son mÃos, no son nuestros. El niño es de él y la niña es de ella. ¡Los niños son de él y de ella!
—¿De Quint y de la mujer?
—De Quint y de la mujer. Quieren dominarlos.
¡Ay, cómo los escrutó la señora Grose al oÃr estas palabras!
—Pero ¿para qué?
—Por el amor a todo lo malo que, en aquellos terrorÃficos dÃas, les inculcó la pareja. Y para seguir inculcándoles el mal, para perseverar en su obra demonÃaca. Para eso vuelven.
—¡Por Dios! —dijo mi amiga, perdiendo el aliento.