Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —Es perspicaz. SÃ, estaba enamorada. Es decir, habÃa estado enamorada. Se descubrió… No podÃa contar su historia sin descubrirlo. Me di cuenta y ella se dio cuenta de que yo me daba cuenta; pero ninguno lo dijimos. Recuerdo el momento y el lugar: un prado recoleto, la sombra de las grandes hayas y la larga y cálida tarde de verano. No era un escenario para pasar miedo y, sin embargo…, ¡ay!
Se alejó del fuego y volvió a dejarse caer en el sillón.
—¿Recibirás el paquete el jueves por la mañana? —inquirÃ.
—Lo probable es que no llegue hasta el segundo correo.
—Entonces, en la sobremesa…
—¿Se reunirán todos conmigo aqu� —De nuevo miró a su alrededor—. ¿No se va nadie?
Su tono era casi de esperanza.
—¡Todo el mundo se queda!
—¡Yo me quedaré! ¡Y yo! —gritaron las señoras que tenÃan decidida la marcha. No obstante, la señora Griffin manifestó su necesidad de que se arrojara un poco más de luz—: ¿De quién estaba enamorada?
—La historia nos lo dirá —me tomé la libertad de responder.
—La historia no lo dirá —dijo Douglas—, por lo menos no de la manera explÃcita.