Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —Peor todavÃa. Es la única manera de que yo lo entienda.
—¿No quiere decirlo usted, Douglas? —inquirió otro de los presentes.
Douglas volvió a ponerse en pie.
—SÃ…, mañana. Ahora tengo que acostarme. Buenas noches.
Y cogiendo un candelabro, salió a toda prisa, dejándonos algo desconcertados. Le oÃmos subir las escaleras desde el extremo donde estábamos del gran salón; después habló la señora Griffin:
—En fin, no sé de quién estarÃa enamorada ella, pero sà sé de quién estaba enamorado él.
—Era diez años mayor que él —dijo su marido.
—Raison de plus ¡a esa edad! Resulta simpático su largo silencio.
—¡Cuarenta años! —precisó Griffin.
—Y con esta explosión final.
—La explosión —retomé la palabra— convertirá en algo extraordinario la noche del jueves.
Y todo el mundo estuvo tan de acuerdo conmigo, que en comparación, perdimos interés por todo lo demás. Se habÃa contado la última historia, aunque de forma incompleta y solo el comienzo del serial; nos dimos la mano y «encandelabrados», como alguien dijo, nos fuimos a dormir.