Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —Escuche, querida —dijo con tono encantador—, ¿sabe usted cuándo voy a volver por fin al colegio?
Transcritas aquÃ, las palabras suenan bastante inofensivas, dado que fueron pronunciadas en el tono dulzón, alto y casual que empleaba con todos sus interlocutores, pero sobre todo con su eterna institutriz, como si estuviera obsequiándola con rosas. Siempre contenÃan algo que se debÃa «captar», o bien que yo capté entonces hasta tal punto que me detuve en seco como si algún árbol del parque estuviera caÃdo sobre el sendero. Inmediatamente sucedió algo nuevo entre nosotros y él se daba cabal cuenta de que yo lo reconocÃa, si bien no por eso tuvo necesidad de mostrarse ni una pizca más cándido y encantador que de costumbre. Me daba cuenta de que él consideraba como ventaja el hecho de que, en un principio, yo no hubiese encontrado nada que contestar. Fui tan lenta en dar con algo que él tuvo sobrado tiempo, al cabo de un instante, para continuar su sonrisa sugerente, pero indeterminada.
—Usted sabe, querida, que para un chico estar siempre con una dama…
El «querida» lo tenÃa constantemente en la boca cuando me hablaba y nada expresaba de modo tan exacto el sentimiento que yo deseaba inspirar a mis alumnos que su cariñosa familiaridad. Asà de fácil y respetuoso era.