Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —Escuche, querida, ¿está verdaderamente muy enferma?
—¿La pequeña Flora? No está muy mal, y mejorará en seguida. Londres le hará recuperarse. Bly ya no le convenÃa. Ven aquà y come tu cordero.
Me obedeció presto, llevándose el plato a su sitio con cuidado y, una vez sentado, prosiguió:
—¿Ha dejado de sentarle bien Bly de repente?
—No tan de repente como tú crees. Hay quien lo ha visto venir.
—Entonces, ¿por qué no la envió fuera antes?
—¿Antes de qué?
—Antes de que estuviera demasiado enferma para viajar.
Me sentà inspirada, animosa.
—No está demasiado enferma para viajar; se hubiera puesto de quedarse. Era el momento indicado para tomar medidas. El viaje disipará las malas influencias —¡estaba sublime!— y las hará desaparecer.
—Ya entiendo, ya entiendo.