Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Sin dilación, manifesté que lo adecuado, al tiempo que agradable y simpático, serÃa que su hermanita y yo lo esperásemos en la parada de la posta; la señora Grose se mostró tan sinceramente de acuerdo con la idea que interpreté su proceder como una especie de brindis reconfortante —¡nunca desmentido, gracias a Dios!— por que actuáramos al unÃsono ante cualquier problema. ¡Ay, sà estaba contenta de tenerme allÃ!