Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —He entendido lo que me ha dicho a mediodÃa como una declaración de que usted no sabe que el niño haya sido nunca malo.
Ella echó hacia atrás la cabeza; para entonces habÃa adoptado una actitud clara y honesta.
—Que yo no he sabido que él… ¡No es eso lo que quise decir!
De nuevo me sentà turbada.
—Entonces, ¿ha sabido usted que…?
—Desde luego que sÃ, señorita. ¡Gracias a Dios!
Pensándolo bien, lo acepté.
—¿Se refiere a que el niño que nunca…?
—¡Para mà no es un niño!
La sujeté con más fuerza.
—¿Le gusta que sean traviesos?
Luego, al mismo tiempo que su respuesta, exclamé con vehemencia:
—¡Eso mismo creo yo! Pero no hasta el punto de contaminar.
—¿Contaminar?
Mi extravagante palabra la habÃa dejado perpleja.
Me expliqué:
—Corromper.
Me miró fijamente, asumiendo lo que querÃa decir.
—¿Tiene miedo de que la corrompa a usted?