Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca —No, de ella. —Mientras hablaba era consciente de que afrontaba cosas prodigiosas, pues percibà un leve reflejo de ellas en el rostro de mi compañera—. Era otra persona esta vez; una figura de inconfundible maldad y terror, una mujer vestida de negro, pálida y terrorÃfica, ¡con un aspecto y una cara!, que estaba al otro lado del lago. Yo estaba allà con la niña, tranquilamente, y de pronto surgió.
—¿Cómo surgió, de dónde surgió?
—¡De dónde surgen! Sencillamente, apareció y se estuvo allÃ, pero no muy cerca.
—¿Y sin acercarse?
—Daba la sensación de que estuviese tan cerca como está usted.
Con un curioso impulso, mi amiga dio un paso atrás.
—¿Era una persona que usted no habÃa visto nunca?
—SÃ. Pero la niña sà la conocÃa. Era alguien que usted sà ha conocido. —Luego, para demostrar que lo tenÃa bien pensado, dije—: Mi predecesora, la que murió.
—¿La señorita Jessel?
—La señorita Jessel. ¿No me cree? —presioné.
Angustiada, se volvió a izquierda y derecha.
—¿Cómo está tan segura?