Otra vuelta de tuerca
Otra vuelta de tuerca Se me acercó despacio.
—La señorita Jessel era infame. —Una vez más, me cogió la mano con las dos suyas, apretándola con fuerza, como fortaleciéndome contra el creciente peligro que pudiera deducir de este descubrimiento—. Los dos eran infames —dijo por último.
Asà que, durante un rato, volvimos a examinar el problema juntas; y desde luego encontré una cierta ayuda en poder verlo con tanta claridad.
—Aprecio —dije— su gran honradez de no haber hablado hasta ahora; pero es evidente que ha llegado el momento de contármelo todo. —ParecÃa asentir, pero solo en silencio; viendo lo cual, agregué—: Debo saberlo ahora. ¿De qué murió? Vamos, entre ellos habÃa algo.
—Lo habÃa todo.
—¿A pesar de la diferencia de…?
—Ah, de rango, de condición… —dejó escapar lastimeramente—. Ella era una dama.
Dándole vueltas al asunto volvà a comprender.
—SÃ…, era una dama.
—Y él absolutamente plebeyo —dijo la señora Grose.