!Pobre Richard!
!Pobre Richard! Fue muy fácil tomar tal resolución, pero Gertrude se dio cuenta de que su puesta en práctica era cosa totalmente distinta. Era imposible pensar en la guerra, comentar las noticias con los vecinos o abrir un diario sin que su pensamiento se dirigiera hacia su amigo ausente. Estaba obsesionada por la idea de que Severn no se había concedido el tiempo suficiente para curarse de sus heridas, y pensaba que después de dos semanas en las duras condiciones de combate acabaría en el hospital.