!Pobre Richard!
!Pobre Richard! —El afecto, la admiración, ¡la esperanza! —contestó el mayor—. ¡No le pido que toque la lira mientras arde Roma, claro! En realidad, sólo los pobres diablos frustrados tienen tentaciones de tocar la lira. Sólo hay un sentimiento respetable, honorable y hasta sagrado, cualquiera que sea la época o el lugar, ocurra lo que ocurra. No depende de las circunstancias, son ellas las que dependen de él; y con su ayuda, en mi opinión, se puede afrontar cualquier circunstancia. No se trata de la religión, Miss Whittaker —añadió el mayor con una sonrisa elocuente.
—Si no se trata de la religión —dijo Gertrude—, supongo que se trata del amor. Es algo totalmente distinto.
—SÃ, totalmente distinto, siempre lo he pensado, y me agrada oÃrselo decir. Hay personas, como sabrá, que tienen una manera sorprendente de mezclarlas. No me considero especialmente piadoso; de hecho, más bien soy descuidado en este ámbito. Es mi naturaleza. La mitad de los hombres son asà de nacimiento; si no fuera asà tengo la sensación de que los asuntos de este mundo no avanzarÃan demasiado. Pero creo que sé querer como es preciso, Miss Whittaker.
—ConfÃo en que asà sea por usted, mayor.
—Gracias, pero dÃgame una cosa: ¿lo desearÃa por alguien más?