!Pobre Richard!
!Pobre Richard! Gertrude no bajó la mirada, no se encogió de hombros, no se ruborizó ni gimió. En realidad, empalideció todavía más mientras le aguantaba la mirada intensa a su interlocutor y se disponía a contestarle con la mayor de las franquezas.
—Si yo le amara, mayor Luttrel, entonces eso es algo que yo querría por interés propio.
Y ahora fue el mayor quien se puso ligeramente pálido.