DEJAR DE PENSAR DEMASIADO
DEJAR DE PENSAR DEMASIADO El primer ataque de pánico puede parecer un rayo en cielo despejado. Pero luego de esa experiencia, surge un nuevo miedo: el miedo al miedo. Cada pensamiento ansioso se carga con el temor de volver a pasar por lo mismo. Esa anticipación —el “¿y si me vuelve a pasar?”— refuerza el ciclo de ansiedad y abre la puerta a más episodios. Así nace un círculo vicioso donde el pensamiento excesivo no solo genera ansiedad, sino que además la alimenta y multiplica.
A menudo, la mente busca protegerse del dolor anticipando todos los posibles males. Cree que, si imagina lo peor, estará preparada para enfrentarlo. Pero esa preparación falsa no evita el sufrimiento; lo anticipa y lo intensifica. En lugar de resolver, agrava. En lugar de calmar, agita.
La clave está en observar el pensamiento sin identificarse con él. No se trata de suprimir lo que se siente, sino de tomar distancia. Ser consciente de que un pensamiento no es una realidad, sino una construcción mental que puede o no tener sentido. Este nivel de conciencia permite dejar de alimentar la cadena de ansiedad con nuevas interpretaciones o suposiciones sin base.
