La perla
La perla Esa noche, durmió con la perla oculta bajo su jergón, pero el sueño nunca llegó del todo. Los susurros, los pasos lejanos, los ecos de una amenaza invisible lo mantenían alerta.
En la mañana, el mundo parecía igual, pero algo había cambiado. Kino lo sentía en el aire, en las miradas que ahora le seguían incluso a plena luz del día. La perla, ese milagro que debería haber sido un regalo, se estaba convirtiendo en el eje de su pesadilla.
—Debemos venderla pronto —dijo Juana mientras empaquetaban algunas provisiones para dirigirse al pueblo.
Kino asintió, pero dentro de él algo seguía retorciéndose. La Canción del Enemigo no se había ido, y sabía que no lo haría hasta que todo estuviera resuelto. O destruido.
El sol ardía sobre el pueblo mientras Kino caminaba hacia los compradores de perlas, la perla escondida bajo su manto. Cada paso era un desafío, un recordatorio del riesgo que implicaba sostener en sus manos algo tan codiciado. Juana lo seguía en silencio, con Coyotito dormido en su regazo, su rostro reflejando la creciente ansiedad que los envolvía.