La perla
La perla Al llegar a la casa del comerciante principal, Kino sintió que todos los ojos en la calle se clavaban en él, como si pudieran atravesar el tejido y ver el tesoro que guardaba. El comerciante, un hombre de manos suaves y mirada penetrante, les hizo un gesto para entrar.
—¿Asà que traes algo especial, Kino? —dijo el comerciante, inclinándose hacia adelante con interés.
Kino asintió, sacando la perla y colocándola sobre la mesa. La luz del dÃa se refractó en su superficie, llenando la habitación de destellos. El comerciante jadeó, pero su expresión cambió rápidamente a una mezcla de desdén y falsa preocupación.
—Es grande, sÃ… pero no perfecta. Mira este defecto aquà —dijo, señalando un punto invisible—. No vale tanto como piensas.
—Mientes —gruñó Kino, sintiendo que la rabia se acumulaba en su pecho.
El comerciante levantó las manos, simulando ofensa. —No te ofendas, Kino. Solo intento ayudarte. Te ofrezco mil pesos. Más de lo que pagarÃan otros.
La indignación de Kino creció. SabÃa que estaba siendo engañado, que intentaban arrebatarle su oportunidad de cambiar su destino. —¡No! Buscaré otro comprador.