La perla
La perla Juana ya no pudo contenerse. Cuando Kino se sumió en un sueño inquieto, ella tomó la perla, salió al exterior y caminó hacia la playa. El brillo de la luna iluminaba las olas mientras levantaba la mano, lista para arrojarla al mar.
—¡No! —El grito de Kino rompió el silencio, y apareció corriendo hacia ella. La agarró con fuerza, arrebatándole la perla. —¿Qué haces? —le espetó, su voz temblando de furia.
—Es maligna, Kino —dijo ella con una calma dolorosa—. Nos destruirá.
Pero Kino no escuchaba. —Es nuestra única esperanza —dijo, volviendo a guardarla.
En la oscuridad, regresaron juntos, pero el vínculo entre ellos parecía haberse fracturado. La perla, ahora más que nunca, los separaba. A lo lejos, un brillo en el cielo marcaba el comienzo de un incendio. La choza de Kino ardía, consumida por las llamas.
El mensaje era claro: la perla ya no solo atraía la codicia, sino también la violencia.
—Debemos huir —dijo Kino, apretando la perla en su puño como si fuera lo único que le quedara.
Y así, bajo el manto de la noche, se adentraron en el desierto, perseguidos por sombras y un destino que parecía ineludible.