La perla
La perla Esa noche, la aldea parecÃa respirar de forma distinta. Las noticias sobre la perla de Kino se habÃan extendido como un fuego en la maleza. Desde las sombras de las chozas, los murmullos crecÃan, las miradas se volvÃan más largas y los deseos más oscuros. La Canción del Enemigo resonaba en los oÃdos de Kino, sus notas graves como advertencias enterradas en su mente.
Dentro de su choza, Kino observaba la perla bajo la luz temblorosa del fuego. Sus destellos parecÃan contener promesas infinitas. —Con esto… —murmuró, apretando la perla entre sus dedos— podremos vestirnos como señores, enviar a Coyotito a la escuela… ¡seremos libres!
Pero Juana, sentada cerca, tenÃa el ceño fruncido. Su voz era baja, como un rezo. —Esa cosa es maligna, Kino. Es demasiado grande, demasiado hermosa. Nos traerá desgracia.
Kino la miró, su expresión endurecida. —¿Cómo puede algo tan perfecto ser malo?
Juana desvió la mirada hacia Coyotito, que dormÃa en la cuna. Su llanto se habÃa calmado, pero la hinchazón de la picadura seguÃa marcando su pequeño cuerpo. —Es un presagio —dijo finalmente—. Y debemos tener cuidado.