Yawar fiesta
Yawar fiesta El Misitu, encerrado en un corral improvisado, parecÃa oÃr la música antes de que empezara. Sus pezuñas rasgaban la tierra. Su aliento levantaba polvo. Alguien murmuró que habÃa sido alimentado con chicha y ajà para enfurecerlo aún más. Otro dijo que en sus ojos brillaban los espÃritus de los antiguos guerreros.
Los músicos aparecieron primero, como una grieta en la represión. Luego los danzantes. Uno de ellos, con el rostro cubierto, levantó la mano. La multitud se abrió como una flor herida. Y entonces, el Yawar comenzó.
El toro fue soltado entre gritos y tambores. Corrió como si el mundo fuera un enemigo, lanzando su cuerpo contra todo lo que se moviera. Los mistis observaban desde los balcones, escondidos, sin saber si estaban presenciando una corrida o el estallido de una revolución.
El primer valiente cayó con el pecho abierto. La sangre empapó el polvo, y un niño lloró sin entender por qué nadie lo consolaba. Pero otros llegaron. Uno tras otro, esquivando, danzando, gritando nombres de ancestros.
—¡Por K’ayau! ¡Por Chaupi! ¡Por nuestra agua!