Yawar fiesta
Yawar fiesta Con los años, el Misitu se convirtió en símbolo. Se tejieron ponchos con su figura. Se cantaron huaynos que hablaban de su furia y su caída. Algunos decían que su alma aún recorría las punas, buscando al próximo danzante digno. Otros creían que regresaría cuando el pueblo lo necesitara de nuevo.
En los cerros, cuando el viento sopla con fuerza, algunos ancianos aseguran escuchar una respiración pesada, un resoplido de bestia antigua.
—Es el Misitu —dicen—. No está muerto. Solo duerme.
Y así, entre cuentos, tierra y resistencia, Puquio siguió caminando. No como un pueblo vencido por el tiempo, sino como una voz enterrada que cada tanto ruge para recordarnos que el alma de los Andes, aunque golpeada, nunca se rinde.
FIN de Yawar fiesta