Ulises
Ulises —No nos ve —agregó el señor Power—. SÃ, nos ve. ¿Cómo le va?
—¿Quién? —preguntó el señor Dedalus.
—Blazes Boylan —dijo el señor Power—. Allà está hecho un pincel.
Precisamente ahora lo estaba pensando.
El señor Dedalus se estiró para saludar. Desde la puerta del Red Bank[22] el disco blanco de un sombrero de paja relampagueó en respuesta; pasó.
El señor Bloom revisó las uñas de su mano izquierda, luego las de su mano derecha. Las uñas, sÃ. ¿Hay algo más en él que ellos ella ve? Fascinación. El peor hombre de DublÃn. Eso lo conserva en pie. Ellas sienten a veces lo que es una persona. Instinto. Pero un tipo como ése. Mis uñas. Precisamente las estoy mirando: bien recortadas. Y después: pensando solo. El cuerpo se está poniendo un poquito blando. Me darÃa cuenta de eso recordando. Lo que da lugar a eso supongo que es la piel, que no puede contraerse con la suficiente rapidez cuando la carne se desmorona. Pero la forma se mantiene. La forma todavÃa se mantiene. Hombros. Caderas. Regordeta. Cambiándose la noche del baile. La muda pellizcada entre las mejillas traseras.
Apretó las manos entre sus rodillas y, satisfecho, dejó errar la mirada vacÃa sobre sus caras.
El señor Power preguntó:
—¿Cómo va la gira de conciertos, Bloom?