Ulises
Ulises —Eso también es cierto —dijo el señor Dedalus saliendo—. Vamos, Ned.
Ned Lambert se deslizó de la mesa. La mirada azul del director giró hacia la cara del señor Bloom, donde se insinuaba una sonrisa.
—¿Vienes con nosotros, Myles? —preguntó Ned Lambert.
SE RECUERDAN BATALLAS MEMORABLES
—¡La milicia de North Cork![31] —gritó el director, caminando a grandes zancadas hacia la chimenea—. ¡Ganamos todas las veces! ¡North Cork y los oficiales españoles!
—¿Dónde fue eso, Myles? —preguntó Ned Lambert con una ojeada meditabunda a la punta de sus zapatos.
—¡En Ohio! —gritó el director.
—Asà fue, ¡demonios! —concedió Ned Lambert.
Saliendo, cuchicheó a J. J. O’Molloy.
—Caso incipiente de chifladura. Triste caso.
—¡Ohio! —cacareó atipladamente el director desde su rostro escarlata—. ¡Mi Ohio!
—Un perfecto crético —dijo el profesor—. Largo, corto y largo[32].
¡OH!, ARPA EOLIA[33]
Sacó un carrete de seda dental del bolsillo de su chaleco y, rompiendo un pedazo, lo hizo resonar hábilmente entre dos y dos de sus dientes sin limpiar.
—Bingbang, bangbang.