Ulises
Ulises ¿Es posible que ese actor Shakespeare, fantasma porque no es él, y en la vestidura del Danés enterrado, fantasma porque está muerto, diciendo sus propias palabras al nombre de su propio hijo (si Hamnet Shakespeare hubiera vivido habrÃa sido el mellizo del prÃncipe Hamlet); es posible, quiero saber, o probable que no haya deducido o previsto la conclusión lógica de aquellas premisas: tú eres el hijo desposeÃdo: yo soy el padre asesinado: tu madre es la reina culpable, Ann Shakespeare, de soltera Hathaway?
—Pero ese escrudriñamiento en la vida privada de un gran hombre… —empezó Russell impacientemente.
¿Estás ahÃ, buen hombre?
—Interesante solamente para el sacristán de la parroquia. Quiero decir, tenemos los dramas. Quiero decir que, cuando leemos la poesÃa del Rey Lear, ¿qué nos importa cómo vivió el poeta? En lo que a vivir se refiere, nuestros sirvientes pueden hacerlo por nosotros, ha dicho Villiers de l’Isle. Atisbar y escudriñar los chismes cotidianos, lo que el poeta bebe, lo que el poeta debe. Tenemos el Rey Lear, y es inmortal.
La cara del señor Best, estimulada, asintió.
Fluya sobre ellos con tus olas y tus aguas.
Mananaan, Mananaan MacLir…[25]
¿Y esa libra, bribón, que te prestó cuando tenÃas hambre?
¡Caramba! La necesitaba.