Ulises
Ulises —Tú, Armstrong —interrogó Stephen—. ¿Cuál fue el final de Pirro?
—¿El final de Pirro, señor?
—Yo lo sé, señor. Pregúnteme a mÃ, señor —dijo Comyn[2].
—Espera. Tú, Armstrong. ¿Sabes algo acerca de Pirro?
Una bolsa de rosquillas de higos yacÃa cómodamente en la cartera de Armstrong. De tanto en tanto las iba doblando entre sus palmas y las tragaba suavemente. Las migas se quedaban adheridas a la piel de sus labios. Aliento azucarado de un niño. Gente acaudalada, orgullosa de que su hijo mayor estuviera en la Marina. Vico Road, Dalkey[3].
—¿Pirro, señor? Pirro es un muelle[*].
Todos se rieron. Sin alegrÃa, con risa maliciosa. Armstrong recorrió a sus compañeros con la mirada, tontamente gozoso de perfil. En un momento reirán más fuerte, advertidos de mi falta de aplomo y del precio que pagan sus padres.
—Dime ahora —siguió Stephen, golpeando al muchacho en el hombro con el libro—: ¿qué es un muelle?
—Un muelle, señor —dijo Armstrong—, es una cosa que sale de las olas. Una especie de puente, señor. El muelle de Kingstown, señor.