Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —La casa de mi padre, que ofrece condiciones para que permanezcáis oculto. Todos supondrán que, disponiendo de medios, habéis huido hacia la frontera; vigilarán los caminos donde indudablemente os cogerán, y nadie ha de suponer que hay vecino es Madrigal que se atreva a esconderos, con el odio que os tienen; pues todos aseguran que habéis perdido a Espinosa.
—Pero tu padre...
—Respondo de él con mi cabeza. Cuando vuestros compañeros hayan sido ejecutados, y ya nadie se acuerde de vos, podéis salir de la población con un disfraz cualquiera.
—¡Gracias, hija mÃa! ¡No olvidaré que te debo la vida!
—No me lo agradezcáis; ya sabéis que obro por egoÃsmo.
—De cualquier modo, y aunque pereciera en la demanda, te quedarÃa obligado.
—Está bien; corro a proporcionaros lo necesario.
Y Andrea se alejo, dejando al fraile en una situación difÃcil de explicar y propia sólo del hombre a quien, habiéndosele cerrado todas las puertas, ve de pronto un agujero suficiente que le permite escapar.
¿Qué era ya la horca y el cáñamo para él?
Un espantajo a quien habÃa dado un puntapié; las últimas visiones de un mal sueño, que huÃan al primer rayo del sol de la mañana.