Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Ese serÃa mi deseo; pero bien comprendo que es imposible. Os quiero demasiado, señorita, para exponeros a los peligro del mar. Por fortuna ahora está tranquilo, y creo que podremos arribar a cualquiera de los puertos de Guipúzcoa sin que tengamos ningún contratiempo. Pero esta calma será pasajera. Además el buque en que os bailáis no tiene condiciones para que permanezcáis en él mucho tiempo.
—No comprendo.
—¿Cómo he de consentir que la hija de mi difunto amo, que santa gloria halle, se encuentre a bordo de un bergantÃn pirata.
—¿Qué dices Joan?
—A esto y otras mochas cosas más me ha obligado el infame de Montiño, a quien el infierno confunda.
—En ese caso, espero que al arribar me acompasarás hasta Madrid.
Juan Roberto inclinó la cabeza.
—Bien querrÃa hacerlo asÃ, señorita-respondió después de algunos momentos de duda;-pero me es de todo punto imposible.
—¿Por qué?
—Hoy por hoy no me pertenezco. El capitán de un buque no puede abandonar a sus compañeros.
—Entonces, ¿cómo quieres que vaya a la corte? Moriré de pavor en el camino, creyendo a cada instante que don Andrés salga a mi encuentro.