Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Buena idea —añadió él marinero;-de este modo procurarán acercarse, y cuando imaginen que van a darnos caza, le enviaremos una granizada de hierro con la colisa de popa. Pero si este es vuestro proyecto, yo, en vuestro caso, mandarÃa amainar la gavia, pues con el esfuerzo de esa vela, el Rayo corre por el agua más que un corzo cuando se ve perseguido por la hambrienta jaurÃa.
—Que pasen algunos pasos a popa, y largar alas y rastreras —dijo Juan Roberto con voz imperiosa y terrible.
—¿Qué decÃs, capitán?
—Comunica mis órdenes!
—Según eso, ¿pensáis verdaderamente apelar a la fuga?
Calabrote volvió la cabeza para que él capitán no le viese hacer una demostración de disgusto.
Más profundo conocedor de la gente que tripulaba el Rayo, sabÃa que aquella orden habÃa de producir un sensación desagradable en los piratas acostumbrados a hallarse bajo el mando de italiano Bartolessi, que no solo no rehuia jamas el combate, sino que lo buscaba con el fin de hacerse dueño de las riquezas de los otros buques.
Calabrote, no obstante, se acercó lo bocina a los labios y comunicó las órdenes que acababa de recibir.
Un murmullo de desaprobación oyóse por la cubierta.
Juan Roberto dirigió a los marineros una severa mirada, y luego exclamó con voz de trueno: