Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —En ese caso podéis hacerlo.
—Yo necesito llevar a cabo una empresa difÃcil y arriesgada, para cuya realización busco a un hombre que reúna dos cualidades.
—Vos me diréis.
—Valor y discreción.
—Ya os comprendo.
—Se que a esta casa concurren algunos de las condiciones que apetezco; y si vos me indicáseis un nombre, no habréis perdido el tiempo.
Maese Ramonet quedó pensativo.
—Hablad con franqueza. ¿Qué es lo que pensáis hacer?
—Se trata de entendérselas con un joven que me ha inferido un agravio.
—¿ Y ese joven os estorba?
—Es verdad.
—Pues para ese objeto voy a presentaros a uno de los espadachines más bravos de la corte.
—Perfectamente. Ahà tenéis esas monedas de oro, y además traednos las mejores botellas que tengáis en vuestra bodega.
¡Maese Ramonet ordenó a uno de sus dependientes que llevara al hidalgo cuanto desease, y él salió de la estancia.
Don Rodrigo observó con detenimiento aquella miserable guarida de bandoleros.