Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Y no holguemos mucho, que loa que de tal manera llevan las cosas en Castilla, no han de dejarlas correr á vuestro pro en Aragón, si os descuidáis.
—Opino del mismo modo. ¡Ah traidores! ¡miserables esclavos de don Felipe! Lo habéis querido vosotros, pues ¡sea!
—Asà os quiero ver, ¡vive Cristo! No como un corderillo manso ó un niño inocente y crédulo.
—Se acabaron los sueños y las ilusiones, mi buen
Gil: desde hoy el rey me tendrá frente á frente, Seremos dos enemigos encarnizados, dos lobos prontos á herirse... Veremos quién vence á quién.
—Eso debisteis hacer mucho ha, señor Antonio, y quizá esto habrÃa ya concluido.
—No importa: prefiero que el rey no tenga derecho á echarme nada en cara, como yo podré desde hoy hacerlo con él.
—¿De manera que os decidÃs á hablar?
—¿A hablar? ¡Qué es hablar solo! ¡A mostrar ante el tribunal del justicia las pruebas, todas las pruebas que tengo en mi poder contra Felipe II!
—¿Y á confundirle para siempre?
—SÃ, para siempre; que no puede ya la honra de mis padres soportar tanto lodo como el rey y sus miserables aduladores han arrojado sobre ella.