Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Sepámoslas.
—Apenas llegué a la corte-dijo Mauricio—, me dirigà a la calle en que está situado el palacio de la condesa. No queriendo separarme un momento de lo que me habÃais recomendado, me abstuve de subir a la casa, aunque no podéis imaginar lo mucho que tuve que dominarme para no preguntar por la señora condesa y decirla cuantas infamias habÃa cometido su hermano polÃtico.
—No; eso hubiera sido faltar a lo que te encargamos.
—Bien lo sé, y por eso me ¡abstuve.
—Prosigue.
—Estaba haciéndome multitud de consideraciones, cuando vi penetrar en la casa a don Rodrigo. Entonces me le quedé mirando para convencerme de qué era él, aunque no tenÃa grandes dudas, pues sus facciones se me quedaron bien impresas en la memoria, a pesar de no haberle visto más que un instante.
—¿Luego don Rodrigo sigue visitando a mi madre?-interrumpió don Luis.
—Ya lo creo.
—Vamos a lo que importa-dijo el doctor.
—Un momento después-prosiguió Mauricio—, vi salir del palacio a un joven, que es el mismo que se hallaba en la venta ruinosa la noche que os hirieron.
—¿Y ese joven?