Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —En efecto; tan pronto como salà de esta casa, dirigime a la hosterÃa dé la Estrella de Oro, que es donde se hallan hospedados Ibáñez y su hija.
—Ya lo sé. Muy grande debe haber sido la alegrÃa que habrá experimentado doña Luz, pues desde luego comprendà lo mucho que te amaba.
—Es verdad.
—Y dime: ¿ cuáles son tus propósitos respecto a esa joven?
—¡Qué pregunta! ¿ Acaso no lo sabes?
—Me figuro que, fiel a la promesa que la hiciste, ¿estarás dispuesto a que sea tu esposa?
—Desde luego.
—Pero supongo que no has de ignorar que en el testamento de don Pedro existe una cláusula que dispone que no entrarás en el disfrute de sus bienes ni de su tÃtulo mientras no te hayas unido a Elvira.
—Conozco perfectamente esa cláusula.
—¿ Y sabes también que doña Beatriz está dispuesta a que se cumpla?
El joven se encogió de hombros.
—Como comprenderás-dijo después—, aún no he hablado con mi madre de este asunto; pero se me figura que no ha de querer hacerme desgraciado.
—Cuando me creÃa su hijo, procuré convencerla de que ese enlace era absurdo bajo muchos puntos de vista.