Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Fray Diego, aunque parecía hallarse sumamente abstraído en sus oraciones, oyó el rumor que produjeron los pasos de don Alonso.
Un ligero estremecimiento agitó su cuerpo.
Luego volvió la cabeza, y fijando sus ojos en el médico, le preguntó:
—¡Ah! ¿Sois vos, doctor?
—Dispensad si he interrumpido vuestras oraciones. Volveré más tarde.
El sacerdote se puso en pie.
—De ninguna manera-dijo—. He terminado ya mis plegarias; sentaos, pues.
—Ayer me expresasteis vuestro deseo de que viniese a daros cuenta de las gestiones hechas respecto al asunto que el rey me encomendó.
—Es cierto, Santibáñez. ¿Visteis al preso?
—He pasado toda la noche en su compañía.
—Estará inquieto.
—Sí, padre; y su enfermedad es más grave de lo que suponíais.
—¿De veras?
—Su alma sufre mucho. El hombre que, como él se ha visto en un largo período de prosperidad y grandeza, tiene necesariamente que desesperarse al verse en una prisión. Estas influencias del espíritu se reflejan en el cuerpo.