El Castillo
El Castillo —¿Horrible fidelidad? —repitió la posadera enojada—. ¿Se trata de fidelidad? Yo soy fiel a mi esposo, ¿pero a Klamm? Klamm me hizo una vez su amante, ¿puedo perder alguna vez ese rango? ¿Y que cómo lo puede soportar con Frieda? Ay, señor agrimensor, ¿quién es usted para atreverse a realizar semejante pregunta?
—¡Señora posadera! —dijo K con tono admonitorio.