El Castillo
El Castillo —Allà está —oyó K que decÃa una voz femenina y temblorosa.
—Es el agrimensor —dijo una voz masculina. Entonces fue el hombre quien miró por la ventana y preguntó no de una manera descortés, pero sà como si le preocupase que todo estuviese en orden delante de su casa.
—¿A quién está esperando?
—A un trineo que me lleve —dijo K.
—Por aquà no pasa ningún trineo —dijo el hombre—. En esta calle no hay tráfico.
—Pero si es la calle que conduce al castillo —objetó K.
—A pesar de eso —dijo el hombre con cierta inflexibilidad— por aquà no hay tráfico.
Los dos callaron. Pero el hombre meditaba algo, pues aún mantenÃa abierta la ventana, de la que salÃa humo.
—Es un camino bastante malo —dijo K por mantener la conversación.
El hombre, sin embargo, se limitó a decir:
—SÃ, es cierto.
Después de un rato añadió:
—Si quiere le llevo con mi trineo.
—SÃ, por favor —dijo K con gran alegrÃa—. ¿Cuánto me va a cobrar?
—Nada —dijo el hombre.
K se asombró.