El Castillo
El Castillo —¡Cómo le calumnias! —dijo Frieda golpeando sus pequeños puños uno contra el otro.
¿Calumniar? —dijo K—. No, no le quiero calumniar. Tal vez cometa con él una injusticia, eso es posible. Lo que he dicho de él no se basa en rasgos superficiales, se puede interpretar de otra manera. Pero ¿calumniar? Calumniar sólo podrÃa tener un objetivo: luchar contra el amor que sientes por él. Si fuese necesario y la calumnia fuese un medio adecuado, no dudarÃa en calumniarle. Nadie podrÃa condenarme por eso, está en tal ventaja respecto a mà por su mandante, que yo, dependiendo sólo de mÃ, podrÃa calumniar un poco. SerÃa un medio de defensa proporcionalmente inocente y, al fin y al cabo, impotente. Asà que deja tranquilos los puños.
Y K tomó la mano de Frieda en la suya; ella quiso impedirlo, pero sonriendo y sin aplicar mucha fuerza.