El Castillo

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K dormía, en realidad no era un sueño en el sentido propio del término, oía las palabras de Bürgel quizá mejor que cuando estaba despierto y muerto de cansancio, cada una de las palabras repercutía en su oído, pero la molesta conciencia había desaparecido, se sentía libre, ya no era Bürgel quien le retenía, sino que era él quien tanteaba en el camino hacia Bürgel; aún no se había quedado profundamente dormido, pero se había sumido en el sueño, nadie se lo podría ya robar. Y le pareció como si hubiese logrado una gran victoria y de pronto hubiese alguien allí para celebrarlo y como si él u otra persona elevase una copa de champán en honor del vencedor. Y para que todos supieran de qué se trataba, la lucha y la victoria se repitieron, o quizá no, más bien se produjeron en ese momento y, en realidad, la victoria se había celebrado con anticipación, así que tampoco se dejó de celebrar, pues el éxito, afortunadamente, era seguro. K acosó en la lucha a un funcionario desnudo, muy parecido a la estatua de un dios griego. Era muy gracioso y K se rió en sueños de cómo el secretario perdía su actitud orgullosa ante cada ataque de K y tenía que emplear el brazo extendido y el puño cerrado para cubrir sus vergüenzas, siendo siempre demasiado lento. La lucha no duró mucho, K avanzó paso a paso y los pasos eran muy grandes. ¿Se trataba, en realidad, de una lucha? No había ninguna resistencia seria, sólo aquí y allá se oía algo parecido al piar del secretario. Ese dios griego piaba como una jovencita a la que se le hacen cosquillas. Y, finalmente, desapareció; se quedó solo en una gran estancia: dispuesto a la lucha giró sobre sí mismo y buscó al contrario, pero no había nadie, también la compañía había desaparecido, sólo quedaba la copa de champán rota en el suelo. K la trituró con el pie. Sin embargo, los trozos de cristal se le clavaron y en ese momento se despertó sobresaltado. Se sintió mareado, como cuando despiertan a un niño pequeño, a pesar de ello, al ver el pecho desnudo de Bürgel, se deslizó en él un pensamiento del sueño: ¡aquí tienes a tu dios griego! ¡Sácale de la cama!


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