Antropologia Collins
Antropologia Collins En resumidas cuentas, también las palabras pueden provocar sensaciones. Cuando uno lee un pasaje de algún poeta en el que se representan de modo formidable un montón de cosas terribles queda aterrorizado, e igualmente existen multitud de imágenes que se imagina el alma. Otras veces se concitan cosas maravillosas que uno jamás pudo imaginar, y esto causa impresión, como ocurre por ejemplo con los cíclopes de Virgilio, que forjan el trueno y la lluvia en un yunque. La intuición de una cosa no produce movimiento en el ánimo; solamente las palabras nos causan conmoción. Y como se suelen utilizar tales o cuales palabras para las cosas terribles, producen por sí solas espanto. Por eso una palabra nos pone en marcha, sin que por lo demás reparemos en qué significa, pues ya la palabra misma se nos ha vuelto temible. Y en esta medida, basta por lo general con discursos conmovedores: si queremos que quien nos escucha tome una resolución duradera, entonces hemos de presentar la cosa misma; en cambio, si queremos mover a alguien en seguida, entonces hay que usar buenas palabras. Aquel orador romano supo agitar al pueblo con suma habilidad mediante discursos muy conmovedores, y al tiempo que les mostraba el cadáver de César asesinado, los empujaba en venganza contra sus propios enemigos. Igualmente tampoco el pastor mueve a sus parroquianos mediante las cosas, sino a través de la palabra; por ejemplo cuando amenaza con el trueno del castigo divino, se limita a señalar esas imágenes pavorosas. No es algo muy censurable, con tal de que se dé con moderación, pues basta con que el público esté familiarizado con esas imágenes para que, con solo recitarlas, se conmueva lo suficiente. Así es como se ha de juzgar a los poetas. ¿Cómo, si no, nos emociona Klopstock? Para juzgarlo hay que omitir el metro y las imágenes, y ver si aún sigue emocionando; si los conceptos son los mismos que antes y todavía emociona, entonces hay que llamarlo poeta. Pero si al recitarlo tengo que emplear el tono y las palabras de uno que esté emocionado, entonces diré que Klopstock no es un poeta en sentido propio, sino que simplemente adopta el papel de un hombre conmovido, de forma que uno no contempla la cosa misma, sino la emoción, y se conmueve por simpatía. En caso contrario, al quitar las palabras, tendrían que emocionarnos al menos las imágenes, pero esto no sucede. A veces realiza una insólita construcción que suena como a polaco, pero se le perdona todo por su ingenio y su agudeza.