Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Nada resulta más contrario al principio de la moralidad que convertir en fundamento para determinar la voluntad a la felicidad propia. Pues a ésta ha de adscribirse, tal como he mostrado anteriormente, todo cuanto ponga el fundamento determinante que debe oficiar como ley en cualquier otra cosa que no sea la[A 62] forma legisladora de la máxima. Ahora bien, I este antagonismo no es meramente lógico, como el que se daría entre reglas condicionadas empíricamente que, sin embargo, se quisieran elevar a principios cognoscitivos de carácter necesario, sino que se trata de un antagonismo práctico y dicho antagonismo arruinaría por completo a la moralidad, si la voz de la razón no fuera tan clara en relación con la voluntad, ni resultara tan perceptible e inconfundible incluso para el más común de los mortales. Con todo, ese antagonismo puede sostenerse todavía en las desconcertantes especulaciones de las escuelas, que son lo bastante atrevidas como para hacer oídos sordos ante esa voz celestial, a fin de mantener en pie una teoría que no representa ningún rompecabezas.