Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Si un amigo cuyo trato estimas fingiera justificar en tu presencia un falso testimonio pretextando primero el sacrosanto deber de la felicidad propia, enumerando luego las ventajas obtenidas gracias a ello y haciendo notar la prudencia observada para prevenir verse descubierto por cualquiera, incluido tú mismo, a quien revela el secreto sólo porque podría negarlo después; y si, a pesar de ello, pretendiera con toda seriedad sostener que ha ejercido un auténtico deber humanitario, te echarías a reír en su cara o retrocederías espantado, aunque nada tengas que objetar a quien adopta la medida de quebrantar sus principios para obtener un beneficio propio.