Crítica de la Razón Práctica

Crítica de la Razón Práctica

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Quien ha perdido en el juego bien puede enojarse consigo mismo y con su imprudencia; pero si cobra consciencia de haber hecho trampa[120] (aunque haya ganado gracias a ello) tiene que despreciarse[121] a sí mismo tan pronto como se compare con la ley moral. Por consiguiente, dicha ley moral tiene que ser algo bien distinto del principio de la propia felicidad. Pues el tener que decirse a sí mismo: «soy un indigno, aun cuando me haya llenado los bolsillos» ha de tener algún otro criterio valorativo que aplaudirse a uno mismo y decir: «soy una persona prudente por haber enriquecido mis cuentas».













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