Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Sin embargo, al margen de la relación que guarda el entendimiento con los objetos (en el conocimiento teórico), también mantiene una relación con esa capacidad desiderativa que se denomina «voluntad» y a la que se llama «voluntad pura» en cuanto el entendimiento puro (que en tal caso recibe el nombre de «razón») es práctico mediante la mera representación de una ley. La realidad objetiva de una voluntad pura o, lo que viene a ser una y la misma cosa, de una razón pura práctica es dada a priori en la ley moral por algo así como un factum, pues así cabe llamar a una determinación de la voluntad que es inevitable aunque no descansa sobre principios empíricos. Mas dentro del concepto de una voluntad está ya implícito el relativo a la causalidad y, por lo tanto, en la noción de una voluntad pura se halla implícito el concepto I de una[A 97] causalidad con libertad, o sea, de una causalidad que no sea determinable conforme a las leyes naturales y consiguientemente no sea susceptible de ninguna intuición empírica como prueba de su realidad, aun cuando su realidad objetiva quede cabalmente justificada en la ley práctica pura y a priori, si bien (como es fácil de comprender) no con respecto al uso teórico de la razón, sino simplemente con respecto al uso práctico de la misma. Ahora bien, el concepto de un ser que posee voluntad libre supone la noción de una causa noumenon, y el que dicho concepto no se autocontradiga queda garantizado de antemano, pues este concepto de una causa cuya realidad objetiva con respecto a los objetos en general se ve asegurada por la deducción, en cuanto emanado del entendimiento puro, cuenta con una procedencia independiente de cualesquiera condiciones sensibles y, por lo tanto, al no circunscribirse a los fenómenos (salvo allí donde quiera hacerse un determinado uso teórico del mismo) podría ciertamente ser aplicado sobre cosas en cuanto puros entes del entendimiento.