Crítica de la Razón Práctica

Crítica de la Razón Práctica

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El ser humano sería una marioneta o un autómata de Vaucanson[143], construido y puesto en marcha por el supremo Artesano de todos los artificios. Sin duda, la autoconsciencia le convertiría en un autómata pensante, mas la consciencia de su espontaneidad supondría simplemente un engaño si fuera tenida por libertad, en tanto que sólo merecería ser llamada así en términos comparativos, puesto que, si bien las causas próximas que determinan su movimiento, así como una larga serie de tales causas que remontase sus causas determinantes, serían ciertamente internas, la última y suprema causa sería encontrada sin embargo en una mano ajena. Por eso no logro comprender cómo quienes porfían por considerar tiempo y espacio cual determinaciones pertenecientes a la existencia de las cosas en sí mismas pretenden evitar aquí el fatalismo de las acciones; o cuando admiten sin ambages (como hizo el por otra parte perspicaz Mendelssohn[144]) que tiempo y espacio son únicamente sendas determinaciones inherentes a la existencia de seres finitos y derivados, mas no suponen condiciones pertenecientes a la existencia del protoser infinito y necesario, tampoco veo que quieran justificar de dónde toman el permiso para hacer semejante distin[A 182]ción, ni cómo pretenden sortear la contradicción I en que incurren al considerar la existencia dentro del tiempo como una determinación adscrita necesariamente a la cosa en sí finita, dado que Dios es la causa de esta existencia, mas no puede ser la causa del tiempo (o del espacio) mismo (pues éste como necesaria condición a priori ha de ser presupuesto a la existencia de las cosas) y, por lo tanto, su causalidad con respecto a la existencia de esas cosas mismas tiene que verse condicionada conforme al tiempo, introduciéndose así todas las contradicciones relativas a los conceptos de su infinitud e independencia. En cambio, nos resulta muy sencillo diferenciar la determinación de la existencia divina, en cuanto independiente de toda condición temporal, y distinguirla de la que corresponde a un ser del mundo sensible, diferenciándolas como la existencia de un ser en sí mismo y la de una cosa en la manifestación fenoménica.


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