Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica Si en la historia de la filosofía griega no se encuen[A 253]tra ninguna huella visible de una teología racional pura, aparte de Anaxágoras, ello no se debe a que los filósofos antiguos anduviesen faltos de entendimiento y perspicacia para elevarse hasta ahí por el camino de la especulación, al menos con la ayuda de una hipótesis racional; ¿qué podría resultar más sencillo y natural que aquel pensamiento que se brinda de suyo a cada cual, y, en lugar de admitir grados indeterminados de perfección para diversas causas del mundo, asumir una única causa racional que posee toda perfección? Sin embargo, los males que hay en el mundo les parecieron una objeción demasiado importante para dar por buena semejante hipótesis. Con lo cual hicieron gala de entendimiento y perspicacia al no permitirse tal hipótesis, e indagar en las causas naturales si entre ellas no cabría encontrar la modalidad y el poder exigibles al ser primero. Pero, una vez que este ingenioso pueblo hubo progresado en sus indagaciones hasta llegar a tratar filosóficamente esas cuestiones morales sobre las cuales otros pueblos se habían limitado a parlotear, descubrieron ante todo una nueva exigencia, una exigencia práctica que no dejó de proporcionarles el concepto preciso del protoser, mientras que la razón especulativa, en cuanto mero espectador, tuvo como máximo el mérito de adornar un concepto que no había crecido I en su[A 254]<Ak. V, 141> suelo, auspiciándolo con un rosario \ de confirmaciones procedentes de la observación de la naturaleza que resaltaron, no su prestigio (que ya estaba fundamentado), sino más bien tan sólo la pompa de una presunta penetración teórica de la razón.