CrÃtica de la Razón Práctica
CrÃtica de la Razón Práctica Sin duda, no se puede negar que para encauzar por la vÃa de lo moralmente bueno a un ánimo inculto o embrutecido hacen falta guÃas preparatorias, atrayéndolo gracias a su propio beneficio o ahuyentándolo merced al perjuicio; ahora bien, tan pronto como este artilugio para dar los primeros pasos haya surtido algún efecto, ha de ofrecerse al alma la motivación moral pura, no sólo por ser lo único que funda un carácter (un modo de pensar práctico que es consecuente conforme a máximas inalterables), sino porque también le enseña al ser humano a sentir su propia dignidad y confiere al ánimo una fuerza que él mismo no esperaba, emancipándose de toda dependencia sensible en la medida en que ésta pretenda imperar y hallando en la independencia de su naturaleza sensible, asà como en esa grandeza de alma I a la cual se ve des[A 272]tinado, una rica compensación por el sacrificio que consuma.