Crítica de la Razón Práctica
Crítica de la Razón Práctica De cara a esta última exigencia, al propósito práctico le basta con que no entrañe una imposibilidad intrínseca (contradicción). En parangón con la razón especulativa se concita aquí un fundamento simplemente subjetivo del asentimiento, el cual presenta sin embargo una validez objetiva para una razón igualmente pura, pero práctica, lográndose así que, mediante el concepto de libertad, las ideas de Dios y de la inmortalidad cobren una realidad y unas atribuciones objetivas, así como una necesidad subjetiva (o exigencia de la razón pura), sin que por ello quede<Ak. V, 5> acrecentado \ el conocimiento teórico de la razón, puesto que sólo su posibilidad deja de ser un proble[A 7]ma para convertirse en un I aserto, de manera que el uso práctico de la razón se entrelaza con algunos elementos del uso teórico. Y ésta no es una exigencia hipotética, como sí lo es la exigencia de un propósito arbitrario de la especulación, según el cual hay que admitir algo si uno quiere ascender hasta consumar el uso de la razón, sino una exigencia legal de admitir algo sin lo cual no puede suceder aquello que uno debe imponerse inexorablemente como designio de su hacer o dejar de hacer.