Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Kant, por su parte (como se deduce de lo que ya indiqué antes), no hubiera considerado inválido su argumento porque se diga que la contradicción resultante de su ensayo de falsación sea sólo conductual. Pero los utilitaristas de nuevas generaciones afinan mejor sus alegatos. En general comparten la opinión de que el maximalismo de la ética kantiana es impracticable y que ejercer y aceptar que todo el mundo ejerza un egoísmo inteligentemente moderado es más razonable que querer borrar por completo de nuestra conducta toda inclinación egoísta.
En este contexto nuestro contemporáneo Broad sugiere que si uno propone como máxima universal el principio utilitarista del egoísmo bien entendido —es decir, de un egoísmo inteligente que sepa adaptarse a las circunstancias y renunciar a todo cuanto sea razonable renunciar con vistas a la obtención del mayor bien— esa máxima cumpliría con las exigencias formales del imperativo categórico, el cual se encontraría así cobijando a su mortal adversario. Broad no niega que el principio que propone no es puro ni a priori, pero alega que sus resultados no suelen distinguirse a efectos prácticos de los que obtiene el imperativo categórico y que la conducta que se guía por él es moral.[10]