Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Se trata, lisa y llanamente, de un dramático conflicto entre nuestro deber de decir la verdad y nuestro deber de humanidad, La respuesta de Kant: «decir siempre la verdad», no le satisface a todo el mundo, pues hay quienes arguyen que la «máxima universal» exigida por el imperativo aun debiendo ciertamente prescindir, como garantía de imparcialidad, de toda particularidad mía, no debe, sin embargo hacer abstracción de la particularidad de la situación. Quienes así argumentan, estiman además que hay muy diversos grados de universalidad y que el modelo de máximas cuyo nivel de generalidad sea absoluto no es el mejor para resolver todas las dificultades que nos plantean las situaciones de la vida. ¿No podría yo, de acuerdo con los argumentos de Constant, mentirle al asesino sin violentar el imperativo categórico? ¿Tiene realmente derecho a que se le diga la verdad un hombre de quien nos consta que la quiere para cometer un asesinato? ¿No podría yo proponer que fuese elevada a la categoría de ley general una máxima mía que dijese: «si tienes ante ti a un asesino que quiere matar a un hombre y una mentira tuya puede salvar a ese hombre, no vaciles en hacerlo»?