Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Esta segunda proposición reestablece la primera de un modo más técnico. Hemos visto ya que una voluntad buena no puede derivar su bondad incondicionada de la bondad condicionada de los resultados que persigue, y esto es igualmente cierto de las acciones moralmente buenas en las que se manifiesta una buena voluntad que actúa por deber. Ahora procede establecer nuestra doctrina en términos de lo que Kant llama «máximas».
Una máxima es un principio que guía nuestra acción. Es un principio puramente personal —no una máxima copiada de un libro— que puede ser bueno o malo. Kant lo llama principio «subjetivo», aludiendo con esto a un principio según el cual actúa el agente racional (o sujeto de la acción) —un principio que se manifiesta en las acciones que realmente se realizan. Por otra parte, un principio «objetivo» es aquel según el cual todo agente racional tendría necesariamente que actuar si la razón tuviera control total sobre sus acciones, y por tanto un principio que obliga a actuar de una cierta manera si se es tan irracional como para sentirse tentado a obrar de otro modo. Sólo cuando actuamos según principios objetivos se tornan estos también en subjetivos, aunque continúan siendo objetivos tanto si actuamos como si no actuamos según ellos.