Fundamentación de la metafísica de las costumbres
Fundamentación de la metafísica de las costumbres Kant ve en el «respeto» o «reverencia» —en contraste con las interesadas inclinaciones de nuestra naturaleza animal, que nos mueven a la consecución de objetos y fines externos a nuestra voluntad— un desinteresado sentimiento que tiene su sede en la propia voluntad y que es producido en nosotros por la representación de la ley moral, motivándonos para el cumplimiento de la misma.
En este momento alcanzamos el punto culminante del análisis filosófico-popular realizado en el capítulo primero de la Fundamentación. Es el momento de describir la ley moral, y a este respecto Kant nos brinda una formulación de la misma tan ingeniosa como sencilla, que tiene además, según él, la ventaja de servirnos de test infalible y de brújula segura en nuestras cavilaciones morales:
yo no debo obrar nunca más que de modo que «pueda querer que mi máxima deba convertirse en ley universal».[17]